Reseña del libro Corazón de Cristo de José Granados

  • Fecha:08-04-2026
Reseña del libro Corazón de Cristo de José Granados

La última encíclica que nos dejó el papa Francisco, Dilexit Nos, ha vuelto a proponer pujantemente a la Iglesia la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Se retoma así el testigo de Su Santidad Pío XII, que en Haurietis Aquas había ahondado en esta temática, insistiendo en el amor afectivo de Jesús, que traduce el amor primero del Padre y hace posible nuestra respuesta de amor. A la luz de Dilexit Nos se ve la importancia de esta obra del profesor José Granados, Superior General del Instituto Religioso de los Discípulos de los Corazones de Jesús y María. En ella el autor repropone una teología del Corazón de Cristo apta para iluminar nuestra época postmoderna. El subtítulo del volumen resume su intuición medular: el corazón se presenta como el centro de la identidad personal a la luz del amor recibido y donado. Hablar del corazón humano es hablar del hombre desde el amor, y hablar del Corazón de Cristo es poner el amor en el núcleo del misterio de la redención. Cristo viene a traer un amor salvador, porque Él revela en su entrega en la cruz y en la resurrección el amor primero del Padre. A la vez, Cristo trae también un amor salvado, porque en Él se brinda una respuesta plenamente humana al amor del Padre, respuesta en la que nosotros podemos participar. Esta idea matriz la desarrolla este estudio en tres partes. Tras una evocadora introducción, bajo el título “El Corazón de Cristo, luz para el hombre y la sociedad” (pp.13-38), que sitúa el argumento en la historia de la devoción, el Magisterio y la teología, la primera parte de la monografía, vertebrada en cuatro capítulos, es cristológica, y responde a la pregunta: ¿quién es Cristo, si lo miramos desde su Corazón? (pp. 39-114). 

Una segunda parte, dividida en tres capítulos, explora el modo en que el Corazón de Cristo clarifica y modela la vida cristiana (pp. 115- 161). La tercera y última parte de este trabajo, también estructurada en tres capítulos, aborda elementos cardinales de la devoción al Corazón de Cristo en la vida concreta del cristiano (pp. 163-210). La obra se termina con un breve comentario a Dilexit Nos (pp. 211-218), seguido de tres homilías predicadas en la solemnidad del Corazón de Jesús en los tres ciclos litúrgicos (pp. 219-239) y un himno al Corazón de Cristo (pp. 241-242). 

La lectura pausada de esta sugerente publicación muestra que el padre Granados logra describir el fervor por el Corazón de Cristo como una devoción incisiva en nuestra época postmoderna. Según el autor, el Sagrado Corazón de Jesús proyecta una meridiana claridad sobre elementos de gran incidencia hoy en la esfera personal, social y eclesial. En primer lugar, mirar a Cristo desde el Corazón es mirarle desde el cuerpo y los afectos, en una época que encuentra dificultad para integrar el cuerpo y descubrir el lenguaje afectivo. Además, el que se encuentra con Cristo es capaz de encarar el porvenir de un modo fecundo y nuevo. La luz que emana desde el Corazón Cristo da unidad al tiempo de la vida y de la historia, en una época olvidadiza del pasado y temerosa del futuro. Finalmente, el Corazón de Cristo, lejos de promover una visión intimista de lo cristiano, lanza al bautizado a la vida pública y a la generación de una cultura habitable por el hombre, en una época de disolución y aplanamiento del pensamiento, que ha olvidado el bien común, así como las prácticas y los símbolos que fomentan la vida plena. Lo dicho anteriormente nos permite descubrir ya la importancia de la obra que focaliza nuestra atención y que toma el Corazón de Cristo como brújula de una vigorosa reflexión tendente a esclarecer y transformar el presente. La primera parte, que como he dicho está dedicada a entrar en el secreto del Corazón de Jesús, se proyecta desde la Eucaristía. La portada del libro, que muestra a Jesús mirando al Padre en la Última Cena, con san Juan recostado en su pecho (cf. Jn 13,22-26), señala la importancia de la Eucaristía y de los demás sacramentos en la visión de Granados. En efecto, la Eucaristía nos da acceso a Jesús desde el Corazón, en forma de cristología eucarística, porque en este divino sacramento se asocian estrechamente el cuerpo y la palabra, y el corazón es ese lugar donde el cuerpo dice una palabra, la palabra del don recibido y entregado. 

Desde la Eucaristía se despliegan los siguientes capítulos del volumen. Pues allí se revela, en primer lugar, la relación de Jesús con su Padre, que ha preparado a su Hijo un cuerpo. El Corazón de Jesús es también una revelación del ser de Dios y del modo de acercarnos a Él, en un camino que acoge y eleva el cuerpo y los afectos. En segundo lugar, la Eucaristía abre la relación con los hermanos, con los que Jesús comparte carne y sangre. Por eso el autor dedica un capítulo a explorar la relación entre el Corazón de Jesús y el de su bendita Madre, María. Gracias a la Virgen, como muestra nuestro autor en el libro, entra en el misterio de la redención el modo femenino de vivir el lenguaje del cuerpo y de los afectos (pp. 81-94). De especial interés es la parte segunda de este ensayo, porque en ella se aborda el modo en que hoy se puede cultivar la relación viva con Cristo. El Corazón resucitado del Señor sigue teniendo afectos, que puede compartir con los hombres. Se explica así que sea verdad decir que Cristo goza y sufre con nosotros hoy, aspecto primordial de la devoción a su Corazón. Cristo puede sufrir y, al mismo tiempo, poseer ya la plenitud del gozo, porque comparte un sufrimiento que Él ve ya en su fruto o fecundidad última. Esto significa también que la vida de Cristo está asociada a la nuestra, de modo que podemos encontrarle vivo en sus misterios en carne y asociarnos a ellos. Para mostrar este punto, el padre Granados acude a la mirada narrativa de la vida humana, entre su origen y su destino. Siendo narrativa, nuestra vida es relacional, porque nos emplaza en una historia común, que no podemos narrar solos. Una vida narrativa es una vida en la que todo el pasado se va reinterpretando a la luz de los sucesos nuevos, de modo que la historia solamente quede completa con nuestra muerte, en la que se pesan definitivamente nuestras acciones. 

Ahora bien, la resurrección del Hijo de Dios reabre su historia, de modo que sus misterios en carne no estarán cerrados hasta el final del tiempo. Y esto nos da ocasión de compartirlos y enriquecerlos, de hacernos presentes a ellos a lo largo de nuestra vida. De esta manera podemos ser contemporáneos del Nazareno: pedirle curación como los ciegos, responder a la llamada que Él hizo al joven rico y compartir su soledad en el Huerto de los Olivos. Hay dos elementos más de la propuesta del autor que merecen la pena poner de relieve. En primer lugar, el punto de partida eucarístico se completa con una mirada sacramental sobre el Corazón de Cristo. Si el Corazón de Cristo se revela y constituye en la Eucaristía, toca posteriormente la vida del cristiano y de la Iglesia, que desde la Eucaristía se expande en los demás sacramentos. Esta perspectiva aporta una luz decisiva a la devoción al Corazón de Cristo, que no puede ya concebirse como intimismo aislado o emotivo. 

Los sacramentos hacen al Corazón de Cristo presente y eficaz en la vida del cristiano; le hacen capaz de tocar y conformar nuestros afectos en modo relacional, insertándonos en el Cuerpo de Cristo. El otro elemento se deriva de este, y es la dimensión social del culto al Corazón de Cristo. Es sabido que la institución de la solemnidad de Cristo Rey, el 11 de diciembre de 1925, por el papa Pío XI, con la encíclica Quas primas, como respuesta a la crisis post-Primera Guerra Mundial y como defensa de la soberanía de Cristo ante el secularismo, celebrando que su reinado es de amor, verdad y servicio, no de poder terrenal, buscaba asimismo la renovación de la consagración del mundo al Corazón de Cristo. Si el Corazón de Cristo revela al hombre la importancia de generar una cultura desde el amor y desde las relaciones, es lógico que esta devoción lo empuje igualmente a edificar lo que san Juan Pablo IIllamaba la “civilización del amor”. En este sentido, la última parte del libro, dedicada a explicar prácticas clásicas de la devoción al Corazón de Cristo, como la consagración o la reparación, adquiere un punto de vista social: la consagración arraiga al cristiano en una red relacional eucarística y lo alienta a construirla, dilatando así el espacio de la Iglesia en el mundo; la reparación, por su parte, reconstituye el tejido relacional que el pecado hiere y desgarra. 

Con Dilexit Nos, el anterior Pontífice nos dejó como última palabra suya una invitación a asentar nuestra existencia e iniciativas en el Corazón de Cristo y a edificar la sociedad desde Él. Este libro de José Granados transita por la misma dirección. Sin embargo, conviene señalar que fue escrito en su mayor parte antes de la publicación de la última encíclica del papa Francisco. Ahora bien, no la ignora, pues incluye como sabroso epílogo una breve glosa a la misma, pero no es un comentario de esta. Ha de leerse más bien como una fundamentación teológica de esta devoción y de su incidencia en nuestra cultura, prolongando el tema propuesto en Dilexit Nos. 

Hemos de agradecer a la editorial Didaskalos que haya enriquecido su catálogo con este perspicaz y provechoso estudio, en el que se unen armoniosamente una visión del misterio de Cristo, de su expansión en la vida cristiana, así como de su capacidad para edificar la sociedad y la Iglesia. Todos estos elementos se entrelazan de forma original y enjundiosa en las clarividentes consideraciones del autor para poner de manifiesto que la devoción al Sagrado Corazón, lejos de estar anclada en épocas antiguas, es capaz de comprender el hilo de la historia y generar lo nuevo. Lejos de ser una devoción privada y sin alcance social, es idónea para reconstruir una cultura humana de forma integral y sin sesgos nocivos. Concluyendo, estas eruditas reflexiones del profesor Granados son muy recomendables para incrementar el dinamismo de la vida cristiana y dar consistencia a la presencia eclesial en la hodierna coyuntura, pues evidencian que la devoción al Corazón de Cristo “contiene una teología sobre la salvación del amor, es decir, sobre la plenitud definitiva a la que está llamado el amor. Pues su corazón nos revela, en primer lugar, cómo Dios ha amado al hombre, hasta enviar a su Hijo a morir por nosotros. A la vez, el Corazón de Cristo nos muestra otra vertiente, que podemos llamar, con san Juan Pablo II, la dimensión humana del misterio de la redención (Redemptor Hominis, n. 10). Consiste en salvar la capacidad que tiene el hombre de responder al amor de Dios con un amor humano digno de Dios. Es decir, el Corazón de Jesús contiene, tanto al amor salvador, como al amor salvado. Si el abad Isaac de Stella podía decir que Cristo es ‘el único Salvador y el único salvado’ (solus Salvator, solus salvatus), es porque Él, realizando el amor salvador del Padre, llevó a plenitud para todos el amor humano, de modo que en su corazón seamos ‘un solo corazón’ (Hch 4,32)” (pp. 37-38). 

Fernando Chica Arellano